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El deporte será una muy buena herramienta al alcance de la monitorización para conseguir educar en valores. El monitor que interviene activamente en el proyecto de deporte escolar tiene que velar en todo momento por su formación inicial y para ir formándose constantemente a lo largo de su trayectoria profesional. Hace falta que tenga presente una serie de puntos que presentamos y que facilitará poner en juego los valores que queremos transmitir a nuestros deportistas.

Tres aspectos positivos del deporte

1. Aprovechar el carácter vivencial de la práctica deportiva

El deporte escolar se caracteriza por la multitud de situaciones que se producen, en las cuales hay una vivencia por parte de los educados que requiere una participación activa por parte suya. A menudo aparecen conflictos resultado de la tensión y la expectación que puede llegar a tener la competición o los entrenamientos. El monitor debe pararse y analizar la situación desde una visión tan objetiva como sea posible y haga intervenir los mismos niños en la gestión de los posibles conflictos. Conviene que sean los niños mismos quienes intenten encontrar una solución y reflexionen sobre el tema para llegar a un acuerdo.

2. El uso del diálogo y la reflexión

Hay que aprovechar las diferentes situaciones que se dan en las sesiones para favorecer la comunicación activa entre los niños y entre los niños y el monitor. Es importante que los niños lleguen ellos sólo a un diálogo interno que los ayude a regular su conducta (por ejemplo, en un partido ante una jugada poco limpia), y sean capaces de interpelar con el otro con una visión constructiva del que ha pasado para proponer acciones de mejora. Hace falta que el monitor muestre una actitud coherente: de lo que piensa, con lo que dice y con lo que hace.

3. Promover unas prácticas físicas, lúdicas y participativas

Es importante que todos los niños del grupo puedan participar del mismo modo y evitar excluir a nadie por ningún motivo (ni de género, ni de sexo, ni cultural, ni por ser menos ágil). En cuanto a juegos, hay que evitar aquellos que incorporen la eliminación de uno de los jugadores o los que impliquen largos ratos esperando el turno. Son situaciones que acostumbran a crear conflictos. Hace falta que estas actividades tengan coherencia y sean adecuadas a la edad y nivel del grupo, para que el aprendizaje sea mucho más significativo y enriquecedor.


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